Monólogo de Marito

 Continuación de La omisión de la familia Coleman

(Rincón oscuro. Luz débil que parpadea. Objetos viejos, desordenados. Marito en el suelo con un frasco vacío. Habla solo.)


MARITO: Ese chiquito no crece, eh. No. 


(Pausa.


MARITO: No es que no quiere, no... no puede. Lo veo. Yo los veo. A los dos. Caminar, irse, volver. El grande pisa así. 


(Hace un ruido con el pie.


MARITO: Fuerte. El otro como... como flotando. Son distintos. Muy distintos. Pero yo los quiero. Aunque no me crean. Yo los cuido. ¿Por qué no me creen? Verónica dice que estoy loco. Pero no. La loca es ella. Que se fue. Que la eligieron a ella. A mí no. A mí me dejaron. Y yo era más chico. Más. Pero yo me acuerdo. Aunque digan que no. Yo me acuerdo. Se la llevó. Y después tuvo a los enanitos. A ellos. Y ahora no los deja venir. ¿Por qué? Si yo no les hago nada. Nada. Yo los miro. Nomás. Desde enfrente. O cuando salen. Yo sé a qué hora van. Y a qué hora vuelven. Y a veces los sueño. Los sueño que me hablan. No entiendo por qué.


(Se queda en silencio. Se levanta. La luz titila.)


La sangre. Eso. La sangre se cambia. Toda. Se saca la vieja y se pone la nueva. Como cuando uno se ensucia y se baña. Así. Y si uno tiene sangre buena... y el otro no... bueno. Se presta. Se presta un poco. Yo tengo. Me parece. Creo. Ah, no sé.


(Se ríe solo. Se agacha.)


MARITO: Si me los dejaran un rato… Un ratito nomás. Uno solo. Lamentablemente no se puede. Para cuidarlo bien. Bien. Yo haría todo bien.


(Pausa.)


MARITO: Todo.


                                                                                                                    Elián Tebele

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