Donde el tiempo parece detenerse
En Bolívar 970, se abren las puertas del Mercado de San Telmo, en el barrio histórico que le dio el nombre. Muchas cosas y personas interesantes, su historia, la razón de por qué tanta gente va tantas veces, qué se vende, produce un ambiente que no parece pertenecer a estos tiempos, a esta realidad temporal.
El Mercado de San Telmo es un lugar que ya lleva muchos años, y aún sigue funcionando. Es posible encontrar gran variedad de artículos que se venden. La sumatoria de prendas de ropa clásica y elegante, remeras, buzos, pantalones, camperas, vestidos, tapados, suéteres, accesorios decorativos, bolsos, carteras, camisetas de fútbol de equipos y selecciones distintas, entre ellas, la nueva camiseta oficial y alternativa de la selección argentina.
Servicios de viaje, artesanías, entre ellas, piedras regionales, collares, aros y joyas ofrecen un estímulo visual permanente.
Diferentes aromas habitan y conviven en los bares y restaurantes donde se puede comer, rodeados de una construcción que mantiene su estilo desde su creación. Al recorrer los pasillos el olfato juega un papel fundamental para sumergirse en la oferta del mercado. Comenzando por sus baldosones históricos que demuestran que recibieron muchas pisadas antiguamente de trabajadores y visitantes al mercado, desprenden olor a cemento húmedo. Sus techos altos con chapones y caños que sostienen y protegen el lugar, hacen que los aromas se entremezclen. Continuando el recorrido, locales de ropa usada desprenden olor a placard cerrado y viejo donde vendedores saludan amablemente.
El aroma a pan recién horneado y medialunas atrae la atención del visitante lo que se une a un aroma de café recién molido que invita a consumir. Más adelante el olfato viaja a mercados del norte del país, donde una mezcla de especias inundan los pasillos sumando frutos secos, verduras y frutas frescas. La oferta de frascos de dulce de leche y alfajores tradicionales Argentinos está presente. En este recorrido no pudo faltar el ahumado de las carnes Argentinas como así también los embutidos que llevan al inmediato consumo. Locales con objetos antiguos como elementos de vajillas, manteles, carteras, una máquina de boletos de un colectivo de 1980 o un porta monedas del mismo emanan sus vivencias de aquel entonces. Manteles y puntillas demuestran haber sido parte de alguna reunión de té entre amigas.
Verónica relata que trabaja desde hace 4 años en un boliche que vende comida. Una amiga la hizo conocer el lugar, se sintió cómoda y decidió quedarse. La especialidad de la casa es el “Ojo de bife” y se vende a montones entre los turistas.
El lugar se encuentra habitado por muchas personas de la zona o más lejos, ¡muy lejos! que quieren venir a conocer o a comprar. Un grupo de brasileros cuenta su fascinación por la comida:
— Los “shoripanes” son nuestros preferidos, vinimos porque este mercado es famoso y no nos podíamos perder la oportunidad de conocer la gastronomía de él.
Un grupo de cinco hombres alemanes de alrededor de 30 años, festeja un cumpleaños brindando con cervezas y una gran picada de fiambres, se los observa felices y eufóricos. Parejas y familias que van y vienen por los pasillos mirando, fotografiando y degustando los placeres del mercado.
Los vendedores que se encuentran, principalmente son de la zona, y decidieron ir a vender ahí porque les encanta la arquitectura, sus tradiciones, costumbres y el ambiente. Para algunos orfebres el espacio del Mercado de San Telmo es su hogar, prueba de ello es el relato de un grupo de artesanos que fabrican y venden allí desde hace 30 años. Se los escucha orgullosos de su trabajo aunque cuentan que los visitantes preguntan mucho pero compran poco últimamente.
Una imponente figura de Carlos Gardel pintada en la persiana de una bodega recibe las miradas de la gente y el pasado y el presente se unen en pantallas de celular que no paran de tomar fotografías.
Un visitante se encontraba perdido por las calles:
— Las callecitas que atraviesan todo el Mercado me están impidiendo encontrar el baño.
A veces, la arquitectura del lugar puede complicar el objetivo de algunos de los visitantes.
Es cierto que la sensación de que el presente y el pasado se unen en el ambiente de este lugar pero algo los diferenciaba fuertemente:
— ¡Qué caro que está el café! — decía Alberto al ver la carta junto a los precios. Alberto paseaba con su nieta y le contaba que en su época, el café estaba más accesible e incluso más rico:
— En nuestra época los muchachos nos reuiniamos en un café todos los días al regresar cansados del trabajo. Hoy sería un presupuesto.
Cabe destacar que a medida que se avanza por los pasillos la música va cambiando según el público que consume en el puesto de comida. Pero la música clásica, quizá de los 90, suena y resuena por todo el lugar. No cabe duda que la música es una de las maravillas que atrae a muchos turistas. Un grupo de extranjeros cuenta que el Mercado de San Telmo, tiene de las mejores músicas de Argentina que han escuchado ya que ayuda a mantener el ambiente antiguo.
Las personas mayores de veinte años suelen encontrar en este lugar recuerdos de otras épocas. Sin duda, el lugar lleva al visitante en el tiempo y lo regresa a la infancia de sus padres, gracias a sus productos de otras épocas, por ejemplo los playmobil, consolas viejas de videojuegos como la Atari 2600. Muchos chicos de esta generación, desconocen de estos juguetes, así que les preguntan a sus padres, y ellos cuentan que esto marcó su infancia, al igual que las consolas de ahora (Xbox, Play, Switch), lo hacen con la nueva generación.
Durante el paseo, el ambiente se nutre de voces de diferentes idiomas, música y una nostalgia por el pasado, pero también una alegría que se respira en todo su trayecto, lo que hace especial a este entrañable lugar de nuestra ciudad.
Además, se pueden observar diversas viviendas antiguas, que mantienen su estilo clásico y único, pero que en su interior han sido recibidas, de acuerdo a la arquitectura actual.
El Mercado de San Telmo, tiene la particularidad de que es visitado por personas de distintas nacionalidades, distintas edades y distintas clases sociales.
Algo increíble, es que se encuentra desde un cuadro, hasta álbumes del mundial. Esto quiere decir que es un Mercado que vende de todo, pero mantiene su gran estilo único arquitectónico y su ambiente.
Con todas estas características, se puede decir que el Mercado de San Telmo es un lugar fascinante, único e inigualable.
Pero…. cómo surgió todo esto. ¡Su historia surgió así!:
El Mercado de San Telmo nació en 1897, como uno de los más antiguos de la ciudad y es unos de los últimos mercados de este tipo, que hoy funcionan en la Ciudad. En el año 2000 fue declarado monumento histórico nacional. Pini y Balbiani son los dueños de este lugar. El Arquitecto Juan Antonio Buschiazzo fue el encargado de construirlo, de hacer posible este gran lugar, que luego se volvería muy famoso y uno de los lugares más visitados.
En principio, se construyó en un terreno de una esquina, de aproximadamente 50 metros de lado. Está dividido por dos ejes de circulación de público, que hacen las entradas en la mitad de las construcciones, aparte de otro acceso por la ochava. Además existen otras perimetrales, dando así cuatro sectores para la ubicación de los puestos que venden, y estos están subdivididos por circulaciones más chicas para poder hacer más locales. En las fachadas se reparten locales de comercio con entrada única, que funcionan como fuelle y así pueden evitar el comercio directo con las personas de la calle, lo que protege a los productos perecederos de elementos contaminantes externos. El techo es de vigas de hierro con planchas de chapa y piezas de vidrio.
En el lenguaje que se usa, se pueden diferenciar dos expresiones: El exterior de mampostería y el lenguaje clasicista, con los típicos dispositivos que organizan entradas, y en el interior, estructuras de acero livianas y desmontables que se consideran aptas pero solo para uso utilitario. Dentro de estos elementos, se destacan en el exterior los portales toscanos, que son importantes por arcos de medio punto en los ejes compositivos, y en el interior, el diseño de la estructura de hierro fundido.
Este señala las diferentes situaciones especiales, y da luz y ventilación al mercado. En 1900, se amplía la construcción original del Mercado de San Telmo, con una entrada desde la calle Defensa. En 1922 se vuelve a ampliar, pero más grande, pero más grande que el anterior terreno y con salida a la calle Estados Unidos.
Originalmente era un mercado que vendía alimentos, pero luego creció poblacionalmente, debido a las migraciones y los buenos comentarios de la gente. Esto hizo que se necesite que se construyan locales de productos primarios en diferentes barrios.
En 1930 se sumaron dos alas al establecimiento y en 1920 y 1970 se restauró manteniendo la forma y materiales originales. En 2022, se reformó, se restauró la cartelería, se pusieron luces 100% LED y se volvió a pintar las paredes.
Hoy en día, es posible ver los cambios de la ciudad reflejados en cada rincón del Mercado de San Telmo. Aunque el tiempo avanzó y las costumbres fueron cambiando, el lugar mantiene viva su esencia histórica. Entre turistas sacando fotos, familias recorriendo los pasillos y vendedores que conservan tradiciones de hace décadas, el mercado continúa siendo un punto de encuentro entre generaciones y culturas distintas.
Recorrer San Telmo no es solamente visitar un mercado: es viajar por la historia de Buenos Aires. Sus aromas, su música, sus objetos antiguos y sus historias convierten cada visita en una experiencia diferente. Allí, el pasado parece convivir con el presente en cada local y en cada conversación. Por eso, el Mercado de San Telmo sigue siendo uno de los lugares más representativos y encantadores de la ciudad, capaz de sorprender tanto a quienes lo conocen por primera vez como a quienes vuelven una y otra vez.
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